Serie Ave

logo_ave2El patíbulo de lo aparente

S. K. Brown

La bandada sin cabeza de lo vivo en la noche de los muertos.

Bajo el espesor de capas de lo aparente, la forma simple de la cerradura por cuello abre el enigma doble de signos de interrogación que se cierran frente al espejo: el del sueño en la cabeza decapitada, y el de la llave única que puede abrirla a su concreción de ser. Y la búsqueda de esta llave posible. Pero la cerradura cuello puede verse también como aquella para la cual no hay llave en el juego de la fatalidad que convierte toda comedia en trágica.

En la serie de los seres sin cabeza que en sucesión de historieta surgen ahora de la cabeza, la mirada y la frente del pintor mexicanocatalán Rilke Guillén Roca como quien puebla la noche cómica de lo aparente con acentos trágicos del fluir de lo real cotidiano enemigo, es válido ver la cerradura para la cual no hay llave como metáfora del lugar que ocuparía la cabeza en libertad frente al alto vacío de una existencia asediada por las bombillas materiales de la guerra, la bursatrapía, el consumismo en alza manifiesta y aleve, y las salidas egométricas por su supuesta individualidad masificadas del «éxito» egológico selectivo, aplastador conciente de la cabeza del vecino -cuya condición de prójimo se ha perdido, si es que alguna vez existió, bajo la noche de los tiempos del capitalismo salvaje que arrolla y si se deja arrastra a la joven generación a la que pertenece este artista; una generación que hoy echa a andar por el desconcertante y desconcertado, trágico y cómico concierto del gran teatro del mundo occidental: suculento caldo de mentira y dominación que se revuelve en estos momentos en catarsis crítica de permanencia a toda costa del privilegio del poder de lo privado, dando coletazos sobre las barcas de cualquier interés público o de beneficio colectivo de la phynanza de esta clase, y vende la rapiña desde la avara usura enferma como salvación global de un «sistema de libertades» en realidad sólo existente para uso, abuso y disfrute de unos cuantos: los dueños del dinero, y los cabecillas de las estructuras de orden y guerra de su servicio de mantenimiento.

El arte propiamente no es discurso. Mas debajo de lo abstracto es sustrato de realidad lo que hay, y aquello que está, igual si tiende a fomentarlo que a obstaculizarlo, es fuente de la presencia espiritual. Un artista es, ya Rabelais lo ostenta a orgullo, Extractor de Quintaesencia. Y de esto no se diga más.

Desde el cuello y su vacío anhelante, la perspectiva es cabeza degollada que mira antes de ser echada a rodar. Una mirada en picada, que desciende, tal la del águila de la hazaña mortal de los vencidos en la figura histórica de Cuauhtémoc. Gloria del vacío, y victoria aparente de lo aparente: el tajo que separa la cabeza también desciende, bajo impulso verdugo del brazo que lo blande. La hazaña del brazo es de cobro y paga; la mirada en descenso halla ser en el vacío: formas elementales de recuerdos de un recuerdo abruptamente trunco sobre un espacio de separación cuyas partes son recíprocas y complementarias, como el oro en la tierra de nadie del sueño gambusino.

La bandada sin cabeza de lo vivo en la noche de los muertos puebla el vacío aparente de un espacio de separación, de una saturación sin suturas como entre sentimiento y pensamiento un abismo por averiguar, como entre abismo y aventura la separación abyecta entre nacer y morir: la oquedad de vida ocupada y ocupable. La mirada se sabe AVE en la cabeza que volará bajo la contingencia de la cosa mercante: el asedio sustitutorio del mercado de pensar, sentir, sexar, comer, dormir, reproducirse y consumir… Pero es Tiempo aquello que sucede entre el espacio vacío existencial de la aparente separación cabeza-tronco y el sordo fluir abstracto de lo diario: un espacio de búsqueda, de la certidumbre al desconcierto y de la incertidumbre a la perplejidad.

Dios que todo lo mira con indiferencia absoluta en estos cuadros, se mira a sí mismo en su condición mortal. El templo es un callejón sin salida de Dios. Dios, cuyo nacimiento es respuesta humana al Misterio de todo lo que existe, es ahora más que nunca El Mercader Del Templo, la coartada de permanencia eterna de los mercaderes y el Mercado. Dios es mortal y a sí mismo mortal se mira porque es idea humana y transcurre como todo lo humano en todo y nada en el tiempo mortal. Dios, el Otro, no está a la mano humana, y si Es, Será.

Las líneas del «pop art» parten de una subversión de los sentidos primigenios de las figuras de comercio: la subversión de la imagen sucesiva e incesante de una misma cosa-mercancía apabullando todo espacio sensible e intelectual con un “mensaje que es el medio” destinado al fin totalitario de ocupar los lugares del sentimiento, del arte y la razón para establecer en ellos los valores del poder del dinero, la sensiblería y la banalidad, en un intento de vaciar por mayorías vacuas los contenidos esenciales de la condición humana con propósitos globales de dominio.

Este uso del signo, del ciclo vital y del «tipo» de la cosa-mercancía sobre el individuo como entraña consumista y de consumo, umbilicado en masa del yo vaciado de sentido, es el de la cosa-mercancía a subvertir desde la propia naturaleza de su intento, captándolo en tanto forma plástica dirigida a lo sensible inconciente para revertirlo al todo que era en lo sensible conciente. Dentro de este «tipo» destaca su unidad en la diversidad el logo-tipo, el logos muerto que con sólo expresarlo en la realidad plasmacional del arte cobra un sentido de grito en el hueco de la cabeza caída desde el tronco y los muñones de la separación, que en este caso opera el pintor en un universo nuevo de trazo y dibujo austeros (tan distinto y distante de sus etapas anteriores) y de concepto sencillo y transparente con el uso serial de los logos-tipo de Dios que todo lo mira y del AVE cuyo vuelo es búsqueda.

El carácter serial de estos decapitados proviene de la belleza episódica y circunstancial del cómic tanto como de todo esto y cubre su incidencia en lo múltiple con sugerencias de paso presente, fecundando otros nacimientos posibles, desde el ojo de una generación totalmente formada y aparentemente avasallada por esta forma de conquista subliminal y dominación sustitutoria. Desde el ojo de esta generación y como quiere el grafitti móvil que acomete el artista simultáneamente por los verdes abstractos y los ocres puros que del paisaje y del atardecer de Ibiza lleva a sus cuadros, «la belleza es tu cabeza», logofrase a-típica de los seres sin cabeza aparente, símbolo de vida, no de la indecente piedra filosofal de los inverecundos optimistas.

La mirada en el vacío y en el todo y el grito dentro de la oreja vangoghiana, Rilke Guillén Roca despliega sus seres sin cabeza y el poder cromático de lo abstracto en lo figurativo por las rugosidades de conjunto de la mascarada existencial de las conciencias muertas de esta época nuestra que cultiva muertos para que entierren a sus muertos. La bandada sin cabeza de lo vivo en la noche de los muertos puebla el vacío aparente de un espacio de separación, de una saturación sin suturas como entre sentimiento y pensamiento un abismo por averiguar, como entre abismo y aventura la separación abyecta entre nacer y morir: mi cabeza rodará bajo el patíbulo de lo aparente.

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